Club de lectura LEEBRACO
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 on: July 27, 2009, 10:25:30 pm 
Started by Bakshish - Last post by Bakshish
Un intento más.

Hace un año vi una peli Hindú en Bombay. En Hindi. Sin subtítulos ni nada...

EXCUSA: Lo hice por curiosidad y para aprender algo más sobre el pais al que tanto me toca viajar últimamente.

Lo que ocurre es que me encantó. Me esperaba una pelicula horrenda y me sorprendió muchísimo. Muchas pelis de Hollywood quisieran estar tan bien hechas (incluidos los números musicales). Desde el señor de los anillos no aguantaba una pelicula de 3 horas sin aburrirme ni un solo momento. Y eso que se trata de una comedia romántica con arranque trágico, amod ved-dadedo e intervención del destino por medio. Y eso que a mi lo del destino ni fu ni fa, pero claro, en India eso del destino es como hablar de las mareas (nadie lo duda).



Me ha gustado tanto que me compré la peli (300 rupias -- 5 euros) y todo han sido alabanzas de los que la han visto por ahora (mi señora e hijos incluidos) con subtitulos en Inglés. Su protagonista (Sharukh Khan) es mi nuevo ídolo, todo un campeón cómico y tierno a la vez. Hasta he metido una entrada en vigores sobre la peli.

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 on: May 10, 2009, 02:00:23 pm 
Started by Apoyatura Incórbada - Last post by Apoyatura Incórbada
Me había quedado pendiente mentar una novela que traté de leer hace unos años en Figueras. Apenas conseguí leer unas páginas. Olvidé su nombre y su autor, y el finde pasado, de nuevo en Figueras, di con ella.
Es 'jPod' de Douglas Coupland.
Palabras aleatorias, varias páginas con los números decimales del número pi para que encuentres una sola errata... El libro tiene trama, pero no llegué a ella. Me pareció una tomadura de pelo, aunque me parece que es un libro de culto

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 on: January 16, 2009, 08:11:34 am 
Started by Apoyatura Incórbada - Last post by Apoyatura Incórbada
Como sé que aquí hay más de uno que disfruta con este archiinfragénero, lo transcribo aquí:

Una galaxia que se apaga

JACINTO ANTÓN 19/07/2008
 

El futuro parece ya demasiado cerca para imaginarlo. La literatura de ciencia-ficción pasa por una crisis achacable a los nuevos hábitos culturales, aunque el género funciona en otros formatos. Los viejos maestros desaparecen y no surgen nombres a su altura.

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana

... snif.

La ciencia-ficción está de capa caída, un manto más oscuro que el de Darth Vader parece haber caído sobre nuestro querido género, en el terreno literario. La muerte y el crepúsculo se han adueñado de los viejos grandes maestros: el risueño Arthur C. Clarke ha fallecido (adieu Rama), JG Ballard se enfrenta a su personal apocalipsis en forma de cáncer y Ray Bradbury, a punto de cumplir 88 años, estruja su melancolía soñando con que esparcirán sus cenizas en los desiertos de Marte. Ya no están con nosotros Stanislaw Lem, Zelazny, Heinlein, Asimov... Son unos ancianos Aldiss, Pohl, Harry Harrison. No se ve surgir nombres a la altura de aquellos grandes que desaparecen. Muchos buenos autores se pasan a la fantasía. Ursula K. Le Guin acaba de publicar en Estados Unidos Lavinia, ¡una relectura de la Eneida contada por una mujer! Pero es que además, y esto es lo peor, nadie parece leer ya ciencia-ficción. Las colecciones languidecen. Editoriales que se lanzaron a publicar sellos nuevos, confiadas en un boom como el de la historia militar, se replantean la decisión. Los aficionados de siempre aparecen como aquellos vagabundos solitarios de Fahrenheit 451 que deambulaban como fantasmas con los viejos libros memorizados buscando infructuosamente a alguien a quien traspasar el legado. ¿Alguien ha oído hablar de La Fundación? ¿Qué ha sido de los Heechees? ¿Queda vida en el superjoviano planeta Mesklin, aunque sea vida muy aplastada por la gravedad?

El futuro ya no es lo que era. Clarke, al que le gustaba hacer profecías científicas, había vaticinado alegremente para este julio de 2008 (véase Greetings, carbon-based bipeds, Harper Collins, 2000) que en su ochenta cumpleaños Kubrick recibiría un Oscar especial de Hollywood. Claro que también veía al príncipe Harry en 2013 en el espacio (de momento ha estado en Afganistán) y a él mismo en su centenario (16 de diciembre de 2017) alojado en el hotel espacial Hilton Orbiter... Pobrecillo, que los Superseñores de El fin de la infancia le tengan en su seno.

En fin, no sigamos poniéndonos nostálgicos. ¿Qué le pasa a la ciencia-ficción? ¿Está realmente mal la cosa?

Miquel Barceló, editor de la legendaria colección Nova, veterano fan del género, autor de una obra de referencia sobre éste (Ciencia-ficción, guía de lectura, Nova, 1990, de la que todos esperamos ansiosamente su anunciada puesta al día: ¡vamos Miquel!) y profesor en la Facultad de Informática de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), responde con un gesto elocuente: en la cafetería de la UPC, tan vacía en estos días veraniegos como un club de admiradores de Hal Clements -el más duro de la SF dura, muerto, por cierto, hélas, en 2003-, inclina el pulgar hacia abajo. "En la historia de la ciencia-ficción hay épocas de vacas gordas y de vacas flacas. Ésta es de flacas. Es algo cíclico. Pero ahora es más serio, mucho más serio, me temo".

Barceló, factótum del veterano premio UPC del género, hace una pausa dramática. La cafetera del bar aprovecha para emitir un ruido ominoso que recuerda los servomecanismos de los marcianos en La guerra de los mundos mientras se enciende una lucecita que sugiere el inquietante ojo escrutador de Hal (por cierto, ¿recuerdan la frase del supercomputador en 2001, una odisea del espacio?: "Tenemos un problema", ¡Clarke se adelantó dos años al leitmotiv del Apolo XIII!; parafraseémoslo: Ciencia-ficción, tenemos un problema). "La ciencia-ficción está yendo a menos. Es un hecho. En Estados Unidos hay un cambio de nombres y los nuevos no son conocidos, no logran un reconocimiento como antes. Aquí nadie se atreve a publicarlos. Las cifras de venta caen. En España, a la mitad. Ha habido un exceso de oferta en los últimos años que ha saturado el mercado, y a eso hay que añadir ahora una falta de demanda".

El especialista tiene una teoría sobre lo que está pasando -y que a él como editor le ha llevado a recortar su número de títulos-. Son varias las razones que llevan al declive del género en su faceta literaria. "El lector de ciencia-ficción típico es una persona interesada, en mayor o menor grado, en temas tecnológicos. Es una persona que pasa mucho tiempo en internet y ese tiempo ya no lo dedica a leer. Y está el audiovisual. El aficionado a la ciencia-ficción, al que siempre le han encantado las películas, encuentra un acceso ilimitado a ellas y a las series de televisión del género en la red, puede bajarse lo que quiera y verlo tranquilamente en casa. En referencia a la televisión, estamos hablando de muchas horas: las diez temporadas de Stargate SG 1, las cuatro de Stargate Atlantis, todos los capítulos de Battlestar Galactica, Star Trek

... ¿Cuánto tiempo significa eso de recorte de lectura?".

Lo paradójico es que bastante gente sigue interesada genéricamente en la ciencia-ficción, pero no en los libros, sino en otros soportes. Como en el cine. Aunque es difícil encontrar en los últimos tiempos alguna película que compita por el título de la mejor del género o que haya influido tanto como lo hizo en su día, por ejemplo, la Matrix de los Wachowski (1999: ¡hace ya nueve años!).

Otro fenómeno que perjudica a la ciencia-ficción, apunta Barceló, es que muchos de los temas clásicos del género forman parte hoy de nuestra vida cotidiana y ya no los percibimos como tales. La bioingeniería, por ejemplo, la inteligencia artificial o la continua revolución en las comunicaciones. Eso ya no nos parece ficción, sino pura ciencia. En general, la especulación parece haber perdido el sentido que tenía antes. El mañana se está comiendo el futuro. "La realidad deja obsoleta pronto cualquier predicción o hace ridículos los escenarios imaginados. Por eso una buena parte del género se dedica desde hace tiempo al futuro cercano, inmediato, más controlable, como hizo Gibson con Neuromante (Minotauro) y como ha hecho el ciberpunk. El futuro lejano interesa menos". Gibson predijo en 1984 el ciberespacio como una realidad virtual consensuada por los usuarios que accedían a él mentalmente a través de la interfaz cerebral con el ordenador. Es verdad que algunos lugares más allá de la pantalla en los que se meten hoy en día nuestros adolescentes no resultan menos complejos y siniestros que los escenarios de Neuromante, Conde Zero o Mona Lisa acelerada...

"Si nos fijamos en los autores clásicos que mejor continúan funcionando, dentro de la crisis", apunta el estudioso, "son los de la ciencia-ficción más cercana, los de los mundos interiores, personales, obsesivos, muchas veces mundos enajenados, insanos, autores de los que atrae, más que la ciencia, la complejidad psicológica, muy interesante para la gente de hoy. Escritores como Philip K. Dick o Ballard. Significativamente, son autores que, como en el caso de Ballard, han ido saliéndose del género o creándose un lector propio".

Ballard, no lo olvidemos, capaz de revelar lo abismal que puede ser una piscina, vacía, es el hombre que ha dicho que el único planeta realmente extraño es la Tierra -no en balde pasó la II Guerra Mundial en el campo de prisioneros japonés de Lunghua con compatriotas que se negaban a desprenderse de sus palos de cricket-, y que es el espacio interior, no el exterior, el que ha de explorarse (Guía del usuario para el nuevo milenio, ensayos y reseñas, Minotauro, 2002).

"Hay un cambio cultural: creo que podríamos vaticinar la muerte de la ciencia-ficción por disolución en el contexto", continúa Barceló. Como decíamos, el mañana está tan cerca que se come la ciencia-ficción. Quién hubiera dicho que el cambio climático, por ejemplo, que ha inspirado sensacionales novelas como El mundo sumergido (1962) o La sequía (1964) -ambas en Minotauro-, por no salir de Ballard, se convertiría en un tema esencial de la actualidad inmediata.

Un síntoma de esa disolución de la ciencia-ficción es cómo la literatura generalista está apropiándose de obras que hace unos años se hubieran publicado en colecciones del género y con esa etiqueta. "La literatura digamos convencional se ha permeabilizado a los contenidos de ciencia-ficción de una manera que parecía impensable. Se han roto muchas barreras. Pasó con Criptonomicón (Ediciones B, tres volúmenes), de Neal Stephenson, publicitado como libro para hackers y muy vendido. Se intenta con Spin (Omicron, 2008), de Robert Charles Wilson (sobre un escudo misterioso instalado por unos alienígenas en torno a la Tierra), presentado como matrimonio entre la ciencia-ficción hard y la novela literaria y que ganó el Premio Hugo en 2006". Otro caso es el de Greg Bear (1951), uno de los grandes nombres actuales, un tipo tan del género que hasta se casó con la hija de Poul Anderson. Bear, autor, de Eon (Ultramar, 1988) -alucinante revisión del tema clásico del asteroide o mundo hueco- y uno de los continuadores de la saga de La Fundación asimoviana (Fundación y caos, Nova, 1999), se pasó en su último libro, Quantico (Harper Collins, 2005, en España lo publicará Ediciones B, fuera de la colección especializada Nova), al technothriller, con mezcla de biotecnología y política. Del antes citado Stephenson se ha publicado Interfaz (Nova, 2007), una novela del mismo estilo escrita a medias por el autor con su tío, un profesor de Ciencias Políticas, y que trata sobre un presidente de Estados Unidos al que le implantan un chip en el cerebro. Richard Morgan (autor de Carbono alterado, Minotauro), ha ganado el Arthur C. Clarke a la mejor novela de ciencia-ficción publicada en el Reino Unido en 2007 por Black Man, un thriller, de nuevo, sobre genética. "El technothriller está por todas partes", señala Barceló mirando alrededor con aire alerta como si estuviéramos en El día de los trífidos.

Una clara evidencia de la mencionada permeabilidad de fronteras es que le hayan dado el Nebula, otro de los grandes galardones del género, a El sindicato de policía yiddish, nada menos, de alguien a quien la gente relaciona tan poco con la ciencia-ficción como Michel Chabon. Es cierto que la novela es una distopía -una utopía negativa- en la que Israel ha quedado colapsado en 1948 y los judíos europeos han debido establecerse en Alaska, que ya es tema. En España la ha publicado Mondadori. En buena manera, como ha señalado muy ingeniosamente un colega, la ciencia-ficción está siguiendo los pasos de la narrativa erótica, que ha desbordado el género estricto salpicándolo todo, y perdón por la imagen. La ciencia-ficción, podría decirse, está perdiendo su identidad genérica.

Encontramos, pues, ciencia-ficción por todas partes: en los numerosos thrillers biotecnológicos que han proliferado en las colecciones de best sellers, por ejemplo. "Pero la buena ciencia-ficción", considera Barceló, "en última instancia pierde en esos formatos. Domingo Santos, el gran padre teórico del género entre nosotros, decía que la ciencia-ficción no puede ser editada en España por editoriales grandes porque tiene un clarísimo tope de mercado y eso hace impacientarse, frustrarse y desanimarse a las empresas que buscan muchos beneficios. En este país han funcionado tradicionalmente las pequeñas editoriales, de las que ahora son ejemplo Bibliópolis, La Factoría de Ideas, Gigamesh..., que publican quizá dos mil ejemplares por norma de cada título y cuidan más sus programaciones". Un problema grave para la salud de la literatura de ciencia-ficción es que el lector típico del género, que era muy coleccionista, muy seguidor de las colecciones y solía comprarse todos los títulos de sus favoritas, ha dejado de serlo. "Antes vivíamos mucho de ese lector que compraba todo lo que publicabas, que quería estar al día, seguir contigo las vicisitudes del género. Ese lector casi ha desaparecido".

Para más inri, diríase que la ciencia-ficción ha perdido punch social, parte de lo que era su función en nuestra sociedad. "La ciencia-ficción clásica hablaba de un futuro lejano. Hoy parece no tener sentido la gran especulación. Las cosas cambian demasiado deprisa. Los sueños de un futuro lejano pierden rápidamente verosimilitud. La realidad lo deja casi todo obsoleto en veinte años".

La ciencia-ficción escrita, por otro lado, parece haberse alejado, a diferencia de la fantasía, del lector que busca más la evasión, un lector al que quizá no le apetece tanto meterse en novelas que requieren una honda formación científica. "Es cierto que Asimov y Clarke, de los que ahora muchos fans de la ciencia-ficción echan pestes, escribían tan sencillito que llegaban a todo el mundo. Recuerdo haber leído algo sobre un estudio literario acerca de los tropos y metáforas en la obra de Asimov y que concluía que no los hay".

Otro elemento distorsionador es que en la actualidad la narrativa para jóvenes se ha convertido en un género con carta de naturaleza propia, mientras que antes, a falta de esos productos específicos (el paradigma sería Harry Potter), si exceptuamos la inefable Enid Blyton y sus epifenómenos, la ciencia-ficción (como la gran narrativa de aventuras) era una iniciación a la lectura para muchos jóvenes, que luego permanecían en él. O sea, que no se crea público de futuro. Curiosamente, algunos clásicos de la ciencia-ficción de los setenta que se prestan a ello están siendo reeditados para el público joven, presentados como género fantástico en un sentido amplio. Es el caso de la hermosa saga de los dragoneros de Pern, de Anne MacCaffrey -historia ambientada en una lejana colonia de la Tierra en la que los humanos han aprendido a operar simbióticamente con criaturas telepáticas semejantes a dragones en lucha contra una amenaza alienígena-, cuya trilogía original editó Acervo en 1977 y acaba de reeditar ahora Roca editorial, ¡en la estela del fenómeno Eragorn!

Hoy en día la iniciación en la ciencia-ficción es mucho más difícil. Paradójicamente, los jóvenes tecnológicamente más punteros de la historia se están perdiendo un género literario que parece hecho para ellos.

Llegados a este punto, ¿podemos dar algunas notas de optimismo? Bueno, la ciencia-ficción interesa en cine, en parte gracias a que a Willie Smith le gusta el género. En ensayo encontramos que el Premio Anagrama de la categoría lo ha ganado este año Descenso literario a los infiernos demográficos, de Andreu Domingo, un libro sobre las distopías, con muchísimas referencias a la ciencia-ficción. Las convenciones, foros y encuentros del género siguen reuniendo a mucha gente -en Valencia uno sobre la La guerra de las galaxias logró un éxito al traer al actor Garrick Hagon, intérprete de uno de los pilotos colegas de Luke Skywalker, Biggs Darklighter (Rojo Tres), caído en el ataque a la Estrella de la Muerte-. Una de las grandes exposiciones de la temporada y que se inaugura el próximo día 22 en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) está dedicada a Ballard. Y, sin duda, se están publicando, pese a todo, buenos títulos del género. Quien firma estas líneas, sin ir más lejos, ha leído recientemente un par de novelas muy sugerentes, La vieja guardia, de John Scalzi (Minotauro), con unas entrañables tropas del espacio de la tercera edad, y Camuflaje, del viejo amigo Joe Haldeman (Omicrón), que sin ser nada del otro mundo (!) te devuelve el entretenimiento de aquellos viejos clásicos con los que aprendimos a amar el género (trata sobre dos extraterrestres capaces de modificar su aspecto enfrentados en la Tierra).

Y la crisis, y esto es un consuelo, no afecta a la fantasía, un género hermano que funciona de lo lindo. Que se lo digan a Bibliópolis, que triunfa con el polaco Sapkowski y su brujo cazador de monstruos, Geralt de Rivia. O a Alejo Cuervo, editor de Gigamesh, que pasea estos días bajo palio por España al gran Georges R. R. Martin (autor, por cierto, de una de las novelas más conmovedoras jamás escritas de la ciencia-ficción, Muerte de la luz, historia de un amor imposible en un planeta condenado, reeditada por Gigamesh, que reedita también la bellísima novela de vampiros y amistad Sueño del Fevre). Martin ha conseguido unas ventas y una popularidad extraordinarias en España con su larga serie de Fantasía Canción de hielo y fuego.

La ciencia-ficción, para acabar, sigue siendo, pese a todo, como recalca Barceló, el género mejor para explicar el presente con especulaciones sobre nuestro futuro. Sólo la ciencia-ficción nos permite imaginar las consecuencias indeseables del presente. Es nuestra mejor herramienta y no deberíamos perderla. -

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 on: December 07, 2008, 07:33:51 am 
Started by Apoyatura Incórbada - Last post by Apoyatura Incórbada
Artículo publicado en prensa (ABC)




Hombres como Albert Camus, dramaturgo, novelista, periodista, miembro de la Resistencia y premio Nobel de 1957. Nombres como Jean Daniel, soldado de la Francia Libre, periodista (fundador y luego director del “Nouvel Observateur”) y premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, en 2004.
Dos personalidades carismáticas que durante el siglo pasado compartieron un origen y un sufrimiento común (Argelia), una pasión (el periodismo comprometido) por el humanismo y el debate de las ideas.
Tirando del hilo de su longeva memoria (nació en 1920) Jean Daniel ha reconstruido en «Camus a contracorriente» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores) un retrato del autor de “La peste”, dibujado desde la cercanía del primer plano de su amistad, y con todo el conocimiento de causa que posibilita una admiración casi ilimitada. El libro ha sido prologado por el ensayista y sociólogo francés de origen argelino Sami Naïr, quien ayer en la presentación calificaba a Daniel de “monumento, un personaje imprescindible, un referente cultural y político. Durante cuarenta años, todos los jefes de gobierno han escuchado sus reflexiones basadas en una idea muy clara de compromiso, y una comprensión del mundo muy coherente. Porque Jean Daniel nunca cambió sus valores de justicia, compasión con los que sufren y padecen, y respeto al otro”.
En su libro –“que se lee como una novela, porque es una novela, la novela de la relación entre Daniel y Camus”; según Naïr- Jean Daniel perfila la personalidad humana e intelectual de Albert Camus siempre marcada y teñida de ética y de rebeldía, en un intelectual y un artista que “siempre reflexionó de una forma profunda e intensa sobre la dialéctica entre los fines y los medios, y que tuvo muy claro que si se quiere la libertad no se puede llegar a ella a través de la violencia y el terrorismo”.
Bella locuraDesde la sabia altura de sus casi noventa años, Jean Daniel es un hombre de excelente humor (“me asusta que me llamen monumento, espero que no se refieran a que soy una momia egipcia”) y profundas convicciones morales y periodísticas. “A mí me pasó con Camus –recordaba ayer- lo que al propio Camus con Nietzsche, que me volvía loco porque cuando decía algo era justo lo que yo iba a decir. Aunque siempre me costó situarle entre los grandes, sin embargo lo fue, sobre todo en el resto del mundo más que entre los medios intelectuales franceses, algo que siempre me llamó mucho la atención”.
En la vida y el destino de Camus lo que verdaderamente cuenta «es su profundidad moral y su convencimiento de que aunque siguiendo a Nietzsche, creamos que Dios no existe, no todo nos está permitido»

Casi cincuenta años después de la desaparición del autor de «El extranjero» en un accidente de automóvil –poco tiempo después de que precisamente dijera que era la manera más absurda de morir- su obra, su vida y sus ideas siguen siendo una referencia entre los jóvenes franceses de hoy, hasta el punto de que, como señaló Jean Daniel, puede hablarse de una “camusología". El periodista francés también se preguntó cómo esto ha podido llegar a ser posible en alguien de cuyo origen no podía esperarse algo similar. “Fue un niño pobre, hijo de una mujer sorda y analfabeta que nunca pudo leer lo que escribía su hijo. Un niño pobre que, sin embargo, cuando salía a jugar al fútbol bajo el sol ya era el rey, el auténtico rey. Un adolescente que enfermó de tisis, que conoció la pobreza y la enfermedad, pero también la felicidad y la literatura casi desde la infancia, que vivió siempre marcado por la amenaza de una crisis que acabara con su vida, y cuya situación económica nunca fue desahogada hasta la concesión del Nobel”.
El necesario inconformismoIgualmente, Jean Daniel reivindicó la necesidad de gente con la integridad humana y moral de Albert Camus, porque “vivimos en un momento de la historia en el que lo que necesitamos son hombres y mujeres capaces de decir que no, personas inconformistas hasta las últimas consecuencias, como el coronel Picard del 'caso Dreyfus', como André Gide ante Stalin y su régimen de terror. En este sentido, Camus fue un hombre solo desde su denuncia del lanzamiento de la bomba de Hiroshima en su obra. ¿Y después qué?”.
Daniel también recordó el afecto del autor de «El estado de sitio» por la cultura española, “por Unamuno, Lorca, Machado...Incluso, aunque el gran amor de su vida fue su esposa Francine, su gran pasión fue la actriz española María Casares, aunque no sé si en todo ello influyó que su madre también fuera española”, y resaltó que en la vida y el destino de Camus lo que verdaderamente cuenta “es su manera de vivir la condición humana, su instinto de rebeldía (“me rebelo luego existo”, decía) y su profundidad moral y su convencimiento de que aunque siguiendo a Nietzsche, creamos que Dios no existe, no todo nos está permitido”.

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 on: December 02, 2008, 12:15:17 pm 
Started by Erekosë - Last post by Apoyatura Incórbada
Paul, mi amigo Paul hace homenaje a muchos personaje en su tercer libro.


Por ejemplo a este


Lateralmente existe una relación entre la obra que van a ver al MET y la historia de Boris Godunov.


La historia es la siguiente:
La ópera trata de la coronación de Boris, su conciencia culpable, las relaciones con sus hijos y su muerte, así como de Dimitri, que aquí es descrito como un monje fugitivo, sus relaciones con la princesa Marina y su pretensión al trono.


Como se puede ver, detrás de la obra que ven existen los mismos temas del libro: conciencia culpable por su relación con la mujer de su amigo

 6 
 on: December 01, 2008, 07:45:12 am 
Started by Apoyatura Incórbada - Last post by Apoyatura Incórbada
Aujourd'hui ma mère est mort.

Uno de los comienzos más célebres de la literatura mundial. Clavaito lo tengo.


Pues eso vamos a debatir sobre el existencialismo. Y cuando digo que vamos a debatir quiero decir, al menos, escribir chorradas, cosa que se nos da medianamente bien.


Para quienes no lo sepa y no le guste mirar la Wiki, Camus es un novelista, dramaturgo y ensayista francés. Estudió filosofía y letras y fue rechazado como profesor a causa de su avanzada tuberculosis, por lo que se dedicó al periodismo como corresponsal del Alter Republicain. En 1939 se presentó al ejército como voluntario, pero no le aceptaron por su delicada salud.

Eso y hacerse excistencialista fue todo uno: vamos, que no le quedó más remedio



En ese mismo año publicó Bodas, un conjunto de artículos que incluían reflexiones inspiradas por sus lecturas y viajes. Al año siguiente se casa por segunda vez, se instala en París y se hace corresponsal de París-Soir. Durante la Segunda Guerra Mundial fue miembro activo de la Resistencia francesa dentro del grupo Combat, que publica en la clandestinidad un periódico homónimo.

Tras la liberación de París se mantiene en él como redactor jefe. Antes de acabar la guerra, publica la novela El extranjero (1942), ambientada en Argelia, como la mayoría de sus narraciones siguientes.


Despues escribió....     ..."El mito de Sísifo", y hasta aquí puedo escribir.



Luego dirá TUX que me cago el foro...

 7 
 on: November 28, 2008, 03:35:05 am 
Started by Apoyatura Incórbada - Last post by TUX
Grifo, o como te llames ahora, tú que eras de los que mantenía el foro y el club, cómo te lo estás cargando con la elección del lbrito...


 8 
 on: November 25, 2008, 02:32:08 am 
Started by Apoyatura Incórbada - Last post by TUX
Ufff... definitivamente no voy a "perder" el poco tiempo del que dispongo para leer en llegar a entender cada una de las frases de este libro.

Algunos me direis que no es perder el tiempo, que aprendería palabras, bla, bla, bla... para eso, aprendo palabras en inglés que me hace más falta...

¿Pasamos entonces a leer el segundo clasificado? Era el extranjero de Camus.

 9 
 on: November 24, 2008, 12:45:00 pm 
Started by Apoyatura Incórbada - Last post by Apoyatura Incórbada



El señor Romero Esteo es un gran escritor, pero escribe para Lázaro Carreter. Yo no digo que no se pueda leer esta obra, pero el estado de pereza está por ahí tratando de capturarme cada vez que intento leer unas páginas. Estoy pensando dejarlo para cuando tenga ocho horas libres en un sitio incomunicado sin ninguna otra distracción que este libro: Así conseguí leer a Sánchez Dragó.


Amigo lector (francis, francis), para que sepan lo que es esta obra: una recreación en las palabras. Supongo que lo ameno vendrá más adelante (supongo), pero casi vengo ya transido del culo. Espero que esto no sea ninguna metáfora profunda.


el continuo es como lo que sigue
Bizquea del mucho amor
lo que más apiporra es el pan. y en mi pueblo, pues todo lo comemos con pan
Torvo y protervo
picada de las galgas
compungida del mondongo
muéresenos del tomate, y ya se nos queda tomatero
escúpele una requisitoria de ultreya
la culpa es tuya so capulla
se lo sonsaca del cipote
bizquea del pavor sacrosanto
inculcando, dispara del larguísimo dedo como pedo blando hacia la derecha
la muy botarate ya otra vez te ha metido en mitad del gañote un tomate
dolorosa de la tomatería como horrible rosa


y voy por aquí


¡con las ganas de leer a Chuck Palahniuk que tengo!

 10 
 on: November 23, 2008, 03:13:41 pm 
Started by Apoyatura Incórbada - Last post by NeFerTiTi
  Grin  Cheesy  Huh?

Venga ya!!

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